INSTRUCCIONES PARA SER UN DIOS

diciembre 7, 2008 at 20:21 (Trabajos de campo) ()

dios2

Atiendan caballeros porqué la clase de hoy será de extrema importancia ante futuras depresiones. Si se aplican y me prestan toda su atención podrán conseguir una inmejorable conciencia de su capacidad de superación y, lo más importante, la imagen exacta de su indudable valía en tanto seres humanos cronopios cronopios. Y así, a las buenas salesa cronopio cronopio, empezamos con las instrucciones a seguir para alcanzar la majestuosa divinidad. Una vez alcanzada, lo cual desea este humilde profesor, se aconseja que cada cual elija según sus gustos la indumentaria adecuada para un dios.

El tema es sencillamente peliagudo ya que desde que el hombre es mono, y el mono mono es, se ha escrito sobre él siempre con la polémica amarrada a la pantorrilla. Si queremos ser algo, primero tendremos que saber con ciencia cierta qué es ese algo y cómo se define, así pues si queremos ser un dios deberemos aclarar en primer lugar qué condiciones hay que cumplir para poder sentirse -nunca mejor dicho- como Dios.

Por un lado está la bondad y el amor, pero de eso hay en todas partes y no por ello sus sujetos son dioses, así pues ambas características no son en modo alguno determinantes. En todo caso si dios es bondad y amor, o ira y justicia divina… siempre coincide en un punto: dios es algo aplicado a algo. La bondad no existe por sí sola, necesita un objeto sobre el cual enfocarse y justificar su existencia. Quien sea bondadoso lo será porque reparte bondad sobre sus congéneres. Lo mismo ocurre con la ira. Así pues entretenernos en las condiciones de carácter es simplemente perder el tiempo ya que pueden ser unas u otras a gusto del consumidor. Lo importante, sin duda, es tener un carácter y seres sobre los que aplicarlos (vivos, a ser posible).

Hemos llegado a la clave principal para alcanzar la divinidad: necesitamos seres vivos. Hoy día, por mucho que han avanzado los estudios en teología, filosofía y metafísica, no se tiene conocimiento de ningún dios que encargara sus seres vivos a otros. Esto dificulta un poco el primer paso en nuestro proyecto: los seres vivos sobre los que reinaremos como dioses deben ser fruto nuestro, no podemos encargarlos. Queda descartado por esta razón el acudir a una tienda de animales a comprar pececitos de colores, los cuales sin embargo no son desaconsejables ya que dan mucha vida a una estancia y a los dioses sin duda les gusta la vida y por ello los peces de colores. En conclusión: necesitamos crear un ser vivo para empezar a ser dioses.

Esto no es nada fácil ya que de todas las posibilidades a nuestro alcance muy pocas terminan por obtener los resultados deseados. A continuación anotamos algunas medidas que por propia experiencia en cursos anteriores desaconsejamos:

1.- Crear gusanos: esta posibilidad es de todas la más inmediata, pero no es muy aconsejable. El individuo que desea ser dios por esta vía debería buscar una forma un tanto cómoda y poco dolorosa de terminar con su propia vida. A ser posible en el campo, en un lugar húmedo sobre la tierra para que pronto pudieran salir de nuestro cuerpo inerte unos cuantos gusanitos. De esta forma habremos conseguido nuestro objetivo: crear vida, si… pero a costa de la nuestra lo cual ya impide obtener nuestro deseo de ser dioses puesto que un dios no puede morir. Nadie discutirá que lo descartemos por paradójica.
2.- Plantar rosas: la flor es cuestión de gustos, pueden ser rosas, o petunias, o alhelíes. Esta opción es bastante más adecuada que la anterior por el simple hecho de que no es necesario morirse, lo cual en cualquier actividad es más que preferible. Sin embargo ser su dios es un tanto aburrido puesto que las plantas son la “personificación” de lo perfecto de lo anodinas que son. No son egoístas ni generosas, no pecan, no aman, no adoran, no hacen nada… por lo que las tareas para su dios son realmente aburridas. Quien no quiera esforzarse mucho que elija esta opción.
3.- Procrear: no hay la menor duda de que esta es la fórmula más divertida y gustosa de crear vida, aunque desde el comienzo partiríamos con la seguridad de que vamos a ser un dios con fecha de caducidad, puesto que tarde o temprano los hijos adquirirían el seso suficiente como para discutir nuestra supremacía. En algunas ocasiones incluso la jugada sale torcida desde el momento en que el ser creado acaba siendo igual o más divino que el individuo que pretendía ser dios. En estos casos el hijo termina siendo nuestro dios, y eso no es lo que deseamos.

Hemos puesto tres posibles ejemplos que contienen sus cosas buenas y sus cosas malas. Bajo nuestro punto de vista el más aconsejable sería esta cuarta posibilidad: escritor. Este camino nos permitiría alcanzar una divinidad plena de poder, con un absoluto dominio y control sobre la vida y la muerte de nuestros seres. Habrá quien discuta la validez de esta opción pues los seres realmente no están vivos sino en nuestra cabeza, la cabeza del dios. Comenzaría así una discusión apasionante, a ser posible alrededor de copas de vino y tazas de café, de noche y en una cafetería acogedora, sobre la existencia humana y la divinidad y sobre si no será eso mismo lo que nos ocurre a nosotros. Ya que nadie tiene la respuesta, la conversación se alargará mientras los contertulios disfruten de la misma.

Mientras… creen sus seres vivos, dejen constancia de ellos sobre un papel, y hagan con ellos lo que un dios haría.

Saludos a todos, futuros cronopios.

Anuncios

Permalink 47 comentarios