El buscador de rostros

mayo 17, 2008 at 13:01 (Diario de un Cronopio) ()

Primera entrada del diario de Wenceslao Moore.

32 de Mayo de 2008 (si, si, 32)

Hay días en los que uno descubre algo nuevo sobre sí mismo, esos días pueden considerarse realmente bien aprovechados. Hoy ha sido uno de esos días, pues he descubierto una faceta mía en la que nunca me había fijado y que ahora, procurándole toda la atención que merece, confirmo que ha estado presente a lo largo de mi vida.

De mañana había yo comprado un billete de solo ida para el ascensor que me llevaba a la planta baja, poco se diferenciaba aquel día del resto. Sin embargo, una vez ocupada mi plaza en el vehículo y a mitad de trayecto me quedé mirando la puerta del mismo. En varios puntos la pintura verde acelga hacía ya tiempo que se había desprendido, dejando entrever el metal. Me fijé en que ese vacío de pintura dibujaba una forma caprichosa que me recordó el rostro de una anciana con tremenda nariz. Fue en ese mismo momento cuando me percaté de esa faceta fascinante que me había acompañado toda la vida y que, sin embargo, nunca valoré: soy un buscador de rostros.

Puede sonar pretencioso viniendo de un tipo corriente como yo, pero les recuerdo que soy cronopio, y descubrimientos tan extraños como este no me asombran. Les aseguro que no exagero si digo que desde niño he tenido una especial afición a buscar rostros por todas partes: en manchas de humedades colgadas de techos, en las formas de los charcos, en los salpicones de pintura o de salsa de tomate, en los dibujos de un mantel, en las florituras de las alfombras… en todo aquello que dibuje una forma no precisa. Son como palabras inventadas que buscan todavía un significado.

Deduje que aquello no era nuevo, que ya lo había hecho cientos, miles de veces. Empecé a recordar mis temores infantiles en la oscuridad, donde toda silueta se me presentaba como un perfil de nariz, frente y boca. A cada sombra le daba una existencia: el inocente montón de ropa que queda sobre una silla se transformaba en por la noche en un ser diminuto en extraña posición. A veces puede resultar divertido ver caras en los poso del café, por ejemplo, pero desde luego no es nada aconsejable para un niño que vea caras en las sombras de su cuarto. Recuerdo con especial añoranza lo inocente que era por temer los dibujos que por la noche formaban la luz de las farolas cuando se filtraban por la persiana y aterrizaban en el techo de mi habitación.

Después empecé a ver un entretenimiento muy útil en casos de total aburrimiento el observar las alfombras. Hasta ahora nunca he visto una alfombra bonita, no sé si será problema mío con ellas, o problema de los alfombristas con el arte, sin embargo siempre me han fascinado las florituras y adornos que contienen. Si uno se esfuerza un mínimo, simplemente untando un poquito de imaginación, se es capaz de ver un rostro de hombre barbudo aquí, una cara de león allá, de pez en ese otro rincón… Al final la alfombra se convierte en un auténtico libro lleno de personajes por los que uno no puede dejar de preguntarse qué tendrán en común el barbudo, el león y el pez. Otro material propicio a las caras es el gotelé de las paredes de mi casa. Un inmenso desierto vertical blanco que se extiende por toda la casa y que según le dé la luz te muestra ahora una cara de bruja, luego un burro estornudando, quizá más tarde aparezca un marciano. Nunca se sabe, pero siempre hay algo inesperado.

Pintura derramada en una acera que dibuja sin ningún lugar a dudas el perfil de un vaquero, una chapa con un enorme manchón de óxido que me mira con amenazante seriedad, la gota de aceite que crea formas en la soa, las vetas de madera que delinéa delfines casi reales… por todos lados se ven caras y rostros que parecen habitar un mundo fuera de toda norma.

Imagino que mi afición, casi olvidada, por el dibujo habrá influido en esa extraña búsqueda. O quizá fue al revés y el dibujo simplemente fue una válvula por la que escapaban todos esos seres. El caso es que si busco un origen me doy cuenta de la extraña circunstancia de que nunca fui un niño de aquellos que se tumban a mirar las nubes y darles formas. Uno de los precios a pagar por vivir de prestado en una enorme ciudad cementera es no contar con un fresco prado verde, ni si quiera un jardín mísero con las condiciones higiénicas mínimas que permitan a uno tumbarse a observar el cielo. Curioso, nunca di forma a las nubes pero si a una mancha de vinagreta en mi camisa.

Ustedes pensarán que estas son cosas bastante extrañas de las que no se escucha muy a menudo. Los cronopios no abundan, eso es cierto, pero antes de terminar quería comentarles el último pensamiento que me vino antes de que el ascensor aterrizase en el portal, previa autorización de la torre de control. Me di cuenta de que había hecho mal en percatarme de la presencia de esa cualidad mía de buscador de rostros Mejor haberla dejado ahí, presente pero involuntaria, ignorada, anónima como la respiración o el pestañeo. Ahora que sabía que había caras rodeándome por todos lados… cómo dormir tranquilo sabiéndome observado, como probarme la ropa interior en unos grandes almacenes… y lo que es peor… como hurgarme la nariz sin sentirme coartado…

En cuanto descendí de mi ascensor me fui directo a la ventanilla de billetes para comprarme uno de regreso a la sexta planta, daba igual en qué clase, la que fuera: quería meterme en la cama lo antes posible.

Espero que mi relato os haya servido de algo, al menos como matahorasmuertas mientras lo leíais. Y como este blog es a fin de cuentas una escuela, cronopia pero escuela, os propongo un trabajo de campo:

Mirad a vuestro alrededor y buscad rostros.

O recordad cuándo fue la última vez que le pusisteis cara a algo.

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8 comentarios

  1. carmenneke said,

    Wenceslao Moore, ¿es usted quizá pariente de Ulyses Moore, el que escribe la serie de novelas juveniles?

    En cualquier caso, que sepa que tiene una lectora de su diario a la que le gustaría leer más cosas suyas.

  2. Edda said,

    Sr. Moore, ha vuelto pisando fuerte ¿eh?, me alegro.

    En cuanto a las caras… yo siempre las veo en las baldosas y le aseguro que alguna se lleva un buen pisotón 🙂

  3. isabel said,

    Bueno, que risa, resulta que mi abuela, que era pintora, plasmó del muro de enfrente de su cocina a un blok de dibujo y a carboncillo, la cara de perfil de un goyesco ser, que se apretaba el puño sobre la mandíbula, era alguien de aspecto grotesco, que yo llegué a ver también. Muchos años después de la baldosa de mi baño de Carreño Miranda, una ayalga que se me presentaba cotidiana por la mañana pasó a merecer un dibujo ( yo dibujo más que bien ) que he colgado en la puerta interior de mi armario ropero. Es guapina y le baila la melenita al vaivén del agua.

  4. E. Infante Rojas said,

    Saludos a todos!!!!
    Me complace enórmemente ver que poco a poco esto va tomando forma.

    Responderé personalmente, como director del centro, a cada comentario que requiera una réplica.

    QUERIDA CARMENNEKE: El señor Wenceslao Moore no tiene parentesco alguno con el autor que usted menciona, aunque no es usted la primera que lo dice. Wenceslao es un antiguo alumno de esta escuela que consiguió matricularse en cronopio con las más altas notas y que se mostró dispuesto a colaborar con nosotros prestando testimonio de sus propias vivencias con el ánimo de ayudar a esta institución a formar futuras generaciones cronopias que den un poco de color a la sociedad actual. Ustedes, como alumnos, le irán conociendo poco a poco a traves de las entradas de su diario.

    QUERIDA EDDA: vemos que es usted una alumna aventajada. Conseguir ver caras en las baldosas es un avance importantísimo que esperamos que consiga el resto de alumnos. Aunque le confieso que nuestras preferencias hacia las caras escondidas es más hacia un buen trato de las mismas. Nunca se sabe cuando van a dejar de aparecer. Ese día la imaginación habrá muerto y el mundo será más ceniza.

    QUERIDA ISABEL: estaríamos más que encantados, y de hecho estamos más que deseosos, en que nos enviara una copia de esos dibujos. Sería un documento precioso para nuestra labor formativa, por no decir que tendría una jugosa recompensa en su nota final.

    RESUMIENDO: parece que conseguir la cronopía no es tan difícil, hemos visto como ya con la primera entrada por lo menos dos alumnas han tenido experiencias similares. El resto es cuestión de tiempo. Nos parece a mí y al equipo de profesores bastente curioso, digno de ser mencionado, la coincidencia en el material en el que se esconden esos seres: las baldosas. Intentarémos realizar algún trabajo de campo orientado a descubrir qué se esconde en las fábricas de baldosas.

    Por lo demás, este hilo no se cierra aquí (o al menos ese es nuestro deseo), pues queremos que más gente deje testimonio de sus seres escondidos. Por favor continúen viendo caras y no dejen de contarnoslo.

  5. ILONA said,

    Yo veo caras por doquier. Tiendo al ensimismamiento, y es fijar la vista en un punto cualquiera para divisar en él rostros aparentemente ocultos. Quizá sean seres que me observan a mí y que al verme absorta olvidan la más elemental prudencia y se relajan en el arte del camuflaje, lo cierto es que estoy rodeada. Hay caras en las nubes, entre las hojas de los árboles, en los nudos de la madera del suelo, en los pliegues de la ropa desperdigada, en las manchas de humedad… De momento, nos limitamos, ellas y yo a observarnos mutuamente.

  6. carmenneke said,

    ¡Anoche conseguí, por primera vez en mi vida, ver una cara! Eran las once de la noche, volvía a casa en bici y de repente… una luna llena enorme y redonda, que me miraba fijamente con ojos torcidos y una sonrisa enigmática de Mona Lisa con media boca. Era una cara rara, asimétrica y cubista, como de cuadro de Picasso. No parecía amenazadora, más bien triste y suplicante; y me ha tenido toda la noche en vela.

    Espero que esta cara me valga para aprobar la asignatura, no me siento con fuerzas para vovler a vivir una experiencia tan inquietante como la de anoche.

  7. Ginebra said,

    Lo malo no es ver caras en todos lados, lo malo es hablar con ellas.

  8. irisureña said,

    Creo que llego un poco tarde para comentar esto de los rostros pero por fin tuve un ratillo paa pararme a leer!!

    La verdad, siempre disfruto leyendote compi, y lo de las caras es cierto. Me ha recordado sobre todo el enanillo con postura rara que aparece en el monton de ropa por la noche, jejeje, pero también la cara de la luna que comenta carmen. La cara de la luna es amiga mia desde hace muhco tiempo, y a mi no me asusta, me trae calma,serenidad…etc…

    En fin…disfruten sabiendo que no estamos solos jaja

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