¿Jazz?

Mayo 30, 2008 at 23:29 (Mágico Jazz) ()

(Se aconseja leer el artículo mientras se escucha la música)

Bienvenidos a Mágico Jazz.

The John Coltrane Quartet, interpretando Alabama.

El jazz es un tipo inestable, exagerado, que vive en un mundo de sentimientos contrastados que se afincan en los extremos de todo y de nada. Es un tipo triste, melancólico que sorprende y se descarga en un alboroto de alegría descontrolada, en una combustión loca. Es un tipo que cae bien, a quien todos desearían ayudar pero finalmente todos reconocen que es inútil, que se lío con sus propias venas a causa de la excitación de vivir al límite hasta la última bocanada de aire. Hipócritamente todos observan y escuchan lo que hace y dice, negando la posibilidad de mejoría mientras se ocultan la verdad, aquella de la que se avergonzarían: no le ayudan porque saben que sin sus ataques de histeria ni sus depresiones en llanto el tipo no tendría el mínimo interés.

Cuando toca su trompeta, todos los presentes saben que él, el jazz, no sólo toca música: siente, sufre… pero nadie llega a entender el qué. Por eso todos le crucifican como un tipo difícil de entender, que dice cosas extrañas y que habría que tomarse muchas molestias para lograr hablar su mismo idioma, ignorantes de que la verdadera intención del jazz no pasa por hacerse entender. En lo más profundo de su ser, el jazz es el tipo más egoísta que puebla el universo musical pues no le importan los demás cuando toca pues toca simplemente para sentir. Así, dado que los sentimientos y sensibilidades son tan variables como la persona, un día la misma canción suena eufórica, hinchada de gozo, exultante… y al otro parece tocada desde dentro de una tumba. Por eso, por esa obsesión con sus sentimientos, expresión y depresión de un mismo ser polifacético, no hay más remedio que la improvisación. Porque en la vida el jazz vive el momento, que es la única forma de vivir en plenitud.

Es un pobre tipo sin suerte y sin blanca que no tiene miedo a nada pues siempre canta desde la derrota: está triste por su fracaso o se ríe de él o a pesar de él. Aun en el fondo del pozo más oscuro y húmedo hay sitio para el ritmo. Solo hace falta que observen su cara: retrato del sentimiento, un recorrido de música por cada una de su facciones, la notas se deslizan por su rostro, la trompeta es un poro más por el que expira su sentimiento. Sin embargo la gente sigue con su intención de explicarle, de entenderle. ¿Cómo explicar que significa un llanto, describir que se siente con el corazón roto, razonar la vida o el dolor? Él no quiere comunicar nada, como el amigo que te cuenta sus problemas y sus decisiones tomadas no porque le interese tu opinión sino porque confesándose a ti espera encontrar el consuelo que por sí solo no encuentra. Quiere escucharse a sí mismo para entenderse, para justificarse, quizá para dormir tranquilo esa noche.

Nosotros somos mortales, nunca podremos sentir lo que siente él. Subjetividad en los metales y la percusión, subjetividad en mayúsculas, inalcanzable, únicamente imaginable. Estamos atrapados por nosotros mismos, por nuestra experiencia, nuestras añoranzas, recuerdos, temores, dolores… Una nota escapa y se cuela entre la gente, en unos corazones se agarra y lo acaricia, en otros directamente lo desgarra sin compasión. No se puede explicar, simplemente uno lo siente por alguna misteriosa y remota conexión con nuestro pasado tan oscura que ni nosotros somos conscientes de ella. Eso es él, eso es el jazz, un dejarse llevar sin pretensiones explicativas ni académicas. No hay libros, no hay tratados. Todo lo escrito no habla más que de tuercas y engranajes, nunca del sentir de la máquina ya que el sentir es propio de cada uno. Así pues no es él sino ellos.

No hay ignorancia que nos impida ponernos tristes escuchando a Billie Holiday, nadie es tan estúpido como para no sentir que el jazz está alegre, nadie está tan solo como para no compartir la tristeza o la alegría de un buen jazz.

Don Hipólito Rey

Prof. de Mágico Jazz

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INSTRUCCIONES PARA DEJAR EL CUERPO

Mayo 21, 2008 at 00:40 (Trabajos de campo) ()

Para lograr alcanzar el pleno abandono de nuestro cuerpo carnoso, huesudo y visceral tendremos que elegir con mucho cuidado el emplazamiento más correcto para realizar esta operación. Es aconsejable eleguir la estancia más pequeña de nuestra vivienda, la cual normalmente coincidirá con las dependencias destinadas al baño y aseo o, de no ser así, con los cuartitos destinados a la ropa. Si de un armario se trata habría que tomarse las molestias de acondicionarlo previamente para obtener el espacio libre necesario, para ello tendremos que quitar perchas y vender toda la ropa al primer trapero que pase por la calle, hasta entonces no queda otra que esperar.

Una vez tengamos claro cual va a ser la sala en la que abandonaremos nuestro cuerpo, nos dirigiremos a la tienda de electrodomésticos más cercana a nuestro hogar enfundados en un calzado cómodo para evitar llagas que más adelante nos dificulten nuestra tarea ya que es harto difícil conseguir olvidarse de un cuerpo cuando duelen los pies. Una vez hayamos alcanzado el comercio procederemos a penetrar en con un buenos días o buenas tardes según se tercie, sonreiremos y preguntaremos por un equipo de música económico pero de calidad que incluya un par de altavoces medianos. Ya que no es necesario para nuestro objetivo tener conocimientos de electrónica ni de audio nos confiaremos a todo lo que nos diga el vendedor aunque este nos intente vender lo más caro. Elegido el aparato pasaremos a una parte fundamental para obtener éxito en nuestra empresa: nos acercaremos a la caja y abonaremos el precio exacto del equipo de música. De no realizarse este paso correctamente corremos el peligro de mandar al traste toda aspiración por el delito de robo, en caso de errar por defecto, o por el delito de estupidez en caso de exceso. Si conseguimos superar este punto sin problema continuaremos con el traslado del material cuidándonos mucho de no dañar ni el material ni nuestras manos por el mismo motivo que las llagas de los pies.

Alcanzada ya nuestra casa diremos a nuestra mujer o esposo que nos prepare un par de tazas de buen café, el cual será necesario para la lectura detallada del folleto de instrucciones el cual aconsejamos se lea en función del tiempo disponible. Si nos vemos limitados a un tiempo reducido aconsejamos que lo más conveniente es la lectura única de la parte cuyo idioma coincide con el del presentador del programa que siempre vemos en televisión. Si el interesado no tiene mujer o esposo lo más conveniente es que en lugar de perder el tiempo con estos ejercicios salga al baile más cercano, esta vez con calzado elegante sin importar las llagas de los pies, y trate de resultar lo más agradable posible.

El tiempo necesario para la comprensión total del folleto de instrucciones y por extensión del funcionamiento del aparato será proporcional al grado de inteligencia verbal y escrita del autor del mismo, el cual nunca dejará su nombre por escrito en el propio folleto que él mismo ha redactado. Esto nos dará idea del harto grado de impunidad que esta profesión posée. A este pensamiento le dedicaremos una media de diez, veinte minutos, lo suficiente para apurar el café.

Cuando nos consideremos lo suficientemente preparados como para aventurarnos a la instalación del recién comprado electrodoméstico, pasaremos sin más al desembalaje del mismo y al traslado de todos sus componentes a la susodicha habitación, previamente elejida a conciencia. Un dato importante que no debe pasarse por alto es que no debe poseer ningún tipo de ventana, ventanuco o rosetón. Por otro lado es más que aconsejable que la habitación cuente con al menos una puerta, ya que esta condición facilitará notablemente las operaciones a llevar a cabo.

Instalaremos el equipo de música y sus altavoces, situando estos últimos en los extremos del cuarto para situarnos en el momento del abandono justo entre ambos. Cuando todo esté listo enchufaremos el equipo a la luz. Si el cuarto elegido no posee una salida de luz será necesario eleguir otra que cumpla con estas condiciones o, en caso de no tener un cuarto así, empaquetar con cuidado el equipo de música, devolverlo a la tienda -a ser posible la misma que visitamos en un principio- y lavar con cuidado las tazas y la cafetera que nuestro marido o mujer utilizó, y dedicarnos a resolver crucigramas.

Si el cuarto, por el contrario, posee enchufe, continuaremos con el ejercicio probando el funcionamiento correcto del aparato de la siguiente manera: primero buscaremos un botón con las letras OFF, segundo no pulsaremos ese botón, tercero buscaremos un botón que diga ON, cuarto encenderemos la radio, quinto buscaremos con el dial una emisora en la que radien un programa de zarzuela, y sexto y último escucharemos la zarzuela entera hasta convencernos de que el equipo realmente suena.

Confirmado el funcionamiento volveremos a apagar el aparato hasta su utilización definitiva. Hasta entonces saldremos de nuevo a la calle con el mismo calzado cómodo pero, a ser posible, diferentes calcetines, nuestro objetivo: un almacén de discos y una agencia de viaje. Primero buscaremos un almacén de discos, para ello preguntaremos a un señor policía que posea una cara lo suficientemente amable como para atreverse a preguntarle. No hay temor de que no sepa responder pues en la academia de policias amables les hacen aprenderse todos los almacenes de discos por si se les presenta el caso de un tipo que quiere abandonar su cuerpo. Seguiremos al pie de la letra sus indicaciones hasta alcancar el susodicho almacén.

Una vez en el interior buscaremos a un hombre o mujer que vista de uniforme y cuyos colores sean semejantes al de los letreros y publicidad del almacén. Si además de eso el hombre o mujer se adorna con una chapita en la que aparecen letras ordenadas en forma de nombre de mujer u hombre, sabremos con certeza que nos hayamos presentes ante un empleado del almacen. Con esta seguridad le preguntaremos por la sección de música clásica, para lo cual es imprescindible fruncir un poco el entrecejo para aparentar ciertos conocimientos en música clásica y que sabemos bien qué es lo que queremos porque somos fervientes admiradores de Bach o Mozart. De nuevo procedermos del mismo modo que con las indicaciones del policía amable, lo que nos permitirá encontrar la sección de música clásica.

En esta sección buscaremos entre todos los discos uno que diga Bolero de Ravel, una vez localizado aplicaremos los mismos pasos que seguimos cuando adquirimos el equipo de musica, es decir: nos dirigiremos a la caja registradora y abonaremos el importe exacto del producto que nos vamos a llevar. Aceptaremos la bolsita que nos den e introduciremos en el el objeto de compra: el disco.

Con la bolsa en una mano, y sin hacer llagas, volveremos por el mismo camino que tomamos desde el policia hasta el almacén pero esta vez en sentido inverso ya que nos proponemos encontrar de nuevo al policía amable. Esta vez la pregunta será acerca de oficinas de turismo. De nuevo no deberemos temer nada pues los policías amables son profesionales sobradamente preparados. Como en los dos casos anteriores, el del almacén y el de la sección de música clásica, de nuevo seguiremos las instrucciones hasta acceder a las dependencias de la oficina de turismo, en la que buscaremos a una señorita por lo general con apariencia de maniquí pero que pestañée.

Ha esta señorita le preguntaremos por hoteles y billetes de avión con destino a Levante, nos mostraremos interesados en una estancia de dos días en un hotel de cuatro estrellas con la playa cerca, y finalmente preguntaremos el precio del billete de ida y vuelta y de las noches de hotel simplemente para disimular, ya que el precio no influirá en tanto que estamos totalmente convencidos de conseguir nuestro propósito, que no es otro que abandonar el cuerpo. Una vez tengamos toda la información compraremos lotes de billetes y estancias en un número igual al de vecinos que tengamos. Si nuestros vecinos son dos matrimonios compraremos cuatro de cada. Si son un matrimonio, su hijo, la suegra y una pareja jóven, compraremos seis de cada. Para otras combinaciones vecinales aplíquese la misma lógica de cálculo. Compramos los billetes y las estancias de hotel del mismo modo y manera que las compras anteriores: abono exacto.

Con los viajes y el disco terminan nuestras actividades fuera de la vivienda, retornando a ella no sin antes pasar por donde hace su ronda el policía de cara amable y agradecerle todos los favores. El agente responderá con un No hay de qué, solo cumplo con mi deber y nosotros seguiremos hasta casa, tomaremos el ascensor o la escalera y traspasaremos el umbral hasta poder decir que hemos llegado al hogar. Solo queda ya la última fase de nuestro ejercicio.

Visitaremos uno a uno a todos nuestros vecinos, cuyo número, como dijimos, será exactamente igual al de billetes y estancias que compramos en la agencia. A cada vecino le regalaremos su billete de ida y vuelta y sus noches de hotel, regresamos a casa y esta vez seremos nosotros los que cocinaremos para nuestra mujer o esposo. Si ha estas alturas todavía no contamos con mujer o esposo, repetimos el consejo anteriormente dado. Mientras cocinamos y tomamos lo cocinado, esperamos a que todos los vecinos se tomen su tan necesario descanso y hagan uso del regalo que les hemos entregado. De este modo evitaremos injerencias molestas en mitad del abandono del cuerpo bajo forma de quejas y toques en la puerta o la pared.

Cuando esto suceda, comprobaremos puerta por puerta que todas las casas vecinas están vacías. Si esto sucede, regresaremos para terminar por fin nuestro ejercicio. Volveremos a casa, romperemos el precinto del disco y lo introduciremso en la ranura correcta que ya sabremos identificar una vez hemos leído el folleto de instrucciones. Si tenemos dudas sobre la ranura será necesario repetir el paso del café y la lectura del folleto. Con el disco introducido ya en el aparato y dispuesto para ser reproducirdo elegiremos la pista -que es como se llama hoy día a las canciones de un disco- que se titule Bolero de Rabel y pondremos el volumen al máximo. Ahora, por último, tenemos que realizar los siguientes pasos con rapidez pues es imperiosamente necesario que terminemos antes de que el bolero empiece a sonar.

Lo más velozmente que nos sea posible le daremos al play, cerraremos de un portazo la puerta y romperemos la bombilla o bombillas con lo primero que tengamos a mano y que ofrezca la dureza mínima capaz de romper bombillas. De este modo conseguimos la oscuridad total a la vez que los primero redobles de tambor empiezan a sonar. Aun con plena oscuridad es del todo aconsejable cerrar los ojos para oir mejor. A medida que el bolero vaya despertando, vaya hinchandose de vida, irémos respirando cada vez más lentos hasta conseguir ser parte de la música. De este modo abandonamos el cuerpo y pasamos aun plano puramente musical.

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Dinámica de trabajo. (La sensibilidad de Cortazar.)

Mayo 20, 2008 at 23:33 (Dirección) (, )

Saludos futuros cronopios.

Entiendo que a pesar del poco tiempo que llevamos abiertos a estas alturas es bastante obvio que la figura de Julio Cortazar, el Gran Cronopio, es el inspirador de toda la filosofía que articula todo este proyecto. Es una escuela especial, no hay duda, en la que por suerte no contamos con ningún experto. El cronopio es un individuo curioso e imaginativo, a veces chismoso, a veces absurdo, siempre surrealista e ilógico, pero siempre sensible. Con ello no me estoy refiriendo a una tendencia al llanto fácil sino una especial capacidad de llevar sus sentidos más allá de lo común. No se trata de ningún tipo de poder sobrenatural, se trata simplemente de imaginación.

Imagínense, por poner un ejemplo, que dos caballeros están sentados en un mismo banco del parque. Frente a ellos se cruza una mujer joven que empuja un cochecito de bebé. Uno de los dos caballeros apenas le presta atención, quizá únicamente se percata del leve chirrío de los ejes del cochecito, y de inmediato lleva su atención a otra parte. El otro caballero observa la misma joven con su cochecito y también se percata de ese ruido, que le recuerda al cri-cri de los grillos y automáticamente se pregunta si dentro de ese cochecito no habrá en vez de un lindo bebé un grillo, y se pregunta qué razón tendría una joven para pasear un grillo en cochecito, y de pronto siente un poco de miedo al pensar que tal vez fuera su hijo, o que podría estar loca… y desde entonces cada vez que viera un grillo se cuidaría de no hacerle daño porque recuerda que es posible que tengan una mamá que les sacaba de paseo en cochecito. Ahora yo les pregunto si serían capaces de decirme cuál de esos caballeros es un cronopio.

El ejemplo puede parecerles estúpido o absurdo. Pero no me cansaré de decirles que en esta escuela el absurdo será habitual entre nosotros. Con esa pequeña historia quería ejemplificar un caso en el que el sentido del cronopio, el oído en este caso, le ha llevado a una realidad diferente a la del tipo corriente únicamente con un poco de imaginación. En ese sentido, este caballero ha demostrado una sensibilidad especial que le permitirá ver, oír, gustar y palpar mundos muy diferentes al que aparece publicado todos los días en las ojeras de la gente. Para ello no es necesario ningún conocimiento, simplemente no temer la imaginación y el ensueño. Por que nadie nos obliga a llamar a las cosas por su nombre, ni a entenderlas siempre igual; por que somos seres racionales pero también imaginativos, y esto no se dice en ninguna escuela… por eso es necesario una escuela como esta: volvamos a la época de las historias y los cuentos.

Cortazar supo alcanzar ese grado elevado de sensibilidad que supera la rutina y la monotonía y que permite disfrutar momentos especiales sin necesidad de nada especial, convirtiendo a cada uno en protagonista de su propio cuento. Esta admiración compartida por el autor argentino no significa que vayamos aquí a dar clases sobre su obra y vida, datos y más datos… para qué, de qué va a servir, ¿acaso para olvidarlos luego? Todo lo dicho hasta ahora viene a señalar que lo importante es esa sensibilidad, no el conocimiento. Por eso en esta escuela no se van a impartir conocimientos sino sensibilidades situadas en su contexto, lo que venimos a llamar EXPERIENCIAS. Intentaremos conseguir ese modo de tener experiencias maravillosas.

Ya hemos tenido un buen ejemplo de esta dinámica con el diario de Wenceslao Moore, experiencias compartidas que se irán sucediendo periódicamente. También la observaremos en otras materias como Mágico Jazz o Boxeo Artístico, ambas encuadradas dentro de un campo superior que vendría a estar compuesto por las grandes pasiones de Cortazar. En ambos casos, tal y como comentamos, no habrá ningún dato, no habrá tecnicismos más que los necesarios, no habrá lecciones, no habrá deberes… No nos mueve la ambición de hacer de ustedes expertos en boxeo o en jazz, no deseamos que terminen sabiendo de uno y otro, simplemente deseamos descubrir con ustedes qué tienen de especial ambos mundos para haber atraído tanto la atención del Gran Cronopio. O por decirlo con otras palabras: intentaremos ver el boxeo, el jazz, la realidad en definitiva, como él. Somos conscientes de la imposibilidad de tal aspiración, sin embargo eso no es razón para abandonarla pues por poco que consigamos, será mucho.

Entenderán ahora el porqué en esta escuela los profesores no son tales: no tienen ningún tipo de conocimiento especial, diferente al que ustedes pueden tener. Si les llamamos profesores es simplemente para diferenciarlos, no para definirles. Son personas que han conseguido alcanzar una sensibilidad especial –nunca comparable a la de Cortazar, eso es imposible- que les hace aptos para servir de muestra a todos. Su experiencias nos irán dando ejemplo no ya de cómo hacer las cosas, sino de lo más importante: ejemplo de que se puede. Tal vez convencerse de esto último sea lo más difícil de nuestras pretensiones, ya que es la gran traba con la que nos encontramos, gracias a años y años de formación aburrida y encorsetada en la que lo práctico montó dictadura y acabó con lo inútil. Las principales victimas de tan rígida tiranía fueron la imaginación, el absurdo y la fantasía, de este modo la amargura campo a sus anchas en las caras de ciudadanos somnolientos que nunca sonríen ni dicen buenos días y que miran raro a los que siempre sonríen y dicen buenos días.

Espero no haber sido demasiado espeso en este texto, desde luego mi intención era la de aclarar ciertos puntos, no la de confundirles más. Con el deseo de haberlo conseguido me despido hasta el próximo comunicado no sin antes recordarles que el artículo del diario de Wenceslao Moore sigue abierto a sus comentarios y experiencias. Sabemos de buena fe que el tema da para bastante.

Saludos.

E. Infante Rojas

Dir. de Escuela Cronopia.

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El buscador de rostros

Mayo 17, 2008 at 13:01 (Diario de un Cronopio) ()

Primera entrada del diario de Wenceslao Moore.

32 de Mayo de 2008 (si, si, 32)

Hay días en los que uno descubre algo nuevo sobre sí mismo, esos días pueden considerarse realmente bien aprovechados. Hoy ha sido uno de esos días, pues he descubierto una faceta mía en la que nunca me había fijado y que ahora, procurándole toda la atención que merece, confirmo que ha estado presente a lo largo de mi vida.

De mañana había yo comprado un billete de solo ida para el ascensor que me llevaba a la planta baja, poco se diferenciaba aquel día del resto. Sin embargo, una vez ocupada mi plaza en el vehículo y a mitad de trayecto me quedé mirando la puerta del mismo. En varios puntos la pintura verde acelga hacía ya tiempo que se había desprendido, dejando entrever el metal. Me fijé en que ese vacío de pintura dibujaba una forma caprichosa que me recordó el rostro de una anciana con tremenda nariz. Fue en ese mismo momento cuando me percaté de esa faceta fascinante que me había acompañado toda la vida y que, sin embargo, nunca valoré: soy un buscador de rostros.

Puede sonar pretencioso viniendo de un tipo corriente como yo, pero les recuerdo que soy cronopio, y descubrimientos tan extraños como este no me asombran. Les aseguro que no exagero si digo que desde niño he tenido una especial afición a buscar rostros por todas partes: en manchas de humedades colgadas de techos, en las formas de los charcos, en los salpicones de pintura o de salsa de tomate, en los dibujos de un mantel, en las florituras de las alfombras… en todo aquello que dibuje una forma no precisa. Son como palabras inventadas que buscan todavía un significado.

Deduje que aquello no era nuevo, que ya lo había hecho cientos, miles de veces. Empecé a recordar mis temores infantiles en la oscuridad, donde toda silueta se me presentaba como un perfil de nariz, frente y boca. A cada sombra le daba una existencia: el inocente montón de ropa que queda sobre una silla se transformaba en por la noche en un ser diminuto en extraña posición. A veces puede resultar divertido ver caras en los poso del café, por ejemplo, pero desde luego no es nada aconsejable para un niño que vea caras en las sombras de su cuarto. Recuerdo con especial añoranza lo inocente que era por temer los dibujos que por la noche formaban la luz de las farolas cuando se filtraban por la persiana y aterrizaban en el techo de mi habitación.

Después empecé a ver un entretenimiento muy útil en casos de total aburrimiento el observar las alfombras. Hasta ahora nunca he visto una alfombra bonita, no sé si será problema mío con ellas, o problema de los alfombristas con el arte, sin embargo siempre me han fascinado las florituras y adornos que contienen. Si uno se esfuerza un mínimo, simplemente untando un poquito de imaginación, se es capaz de ver un rostro de hombre barbudo aquí, una cara de león allá, de pez en ese otro rincón… Al final la alfombra se convierte en un auténtico libro lleno de personajes por los que uno no puede dejar de preguntarse qué tendrán en común el barbudo, el león y el pez. Otro material propicio a las caras es el gotelé de las paredes de mi casa. Un inmenso desierto vertical blanco que se extiende por toda la casa y que según le dé la luz te muestra ahora una cara de bruja, luego un burro estornudando, quizá más tarde aparezca un marciano. Nunca se sabe, pero siempre hay algo inesperado.

Pintura derramada en una acera que dibuja sin ningún lugar a dudas el perfil de un vaquero, una chapa con un enorme manchón de óxido que me mira con amenazante seriedad, la gota de aceite que crea formas en la soa, las vetas de madera que delinéa delfines casi reales… por todos lados se ven caras y rostros que parecen habitar un mundo fuera de toda norma.

Imagino que mi afición, casi olvidada, por el dibujo habrá influido en esa extraña búsqueda. O quizá fue al revés y el dibujo simplemente fue una válvula por la que escapaban todos esos seres. El caso es que si busco un origen me doy cuenta de la extraña circunstancia de que nunca fui un niño de aquellos que se tumban a mirar las nubes y darles formas. Uno de los precios a pagar por vivir de prestado en una enorme ciudad cementera es no contar con un fresco prado verde, ni si quiera un jardín mísero con las condiciones higiénicas mínimas que permitan a uno tumbarse a observar el cielo. Curioso, nunca di forma a las nubes pero si a una mancha de vinagreta en mi camisa.

Ustedes pensarán que estas son cosas bastante extrañas de las que no se escucha muy a menudo. Los cronopios no abundan, eso es cierto, pero antes de terminar quería comentarles el último pensamiento que me vino antes de que el ascensor aterrizase en el portal, previa autorización de la torre de control. Me di cuenta de que había hecho mal en percatarme de la presencia de esa cualidad mía de buscador de rostros Mejor haberla dejado ahí, presente pero involuntaria, ignorada, anónima como la respiración o el pestañeo. Ahora que sabía que había caras rodeándome por todos lados… cómo dormir tranquilo sabiéndome observado, como probarme la ropa interior en unos grandes almacenes… y lo que es peor… como hurgarme la nariz sin sentirme coartado…

En cuanto descendí de mi ascensor me fui directo a la ventanilla de billetes para comprarme uno de regreso a la sexta planta, daba igual en qué clase, la que fuera: quería meterme en la cama lo antes posible.

Espero que mi relato os haya servido de algo, al menos como matahorasmuertas mientras lo leíais. Y como este blog es a fin de cuentas una escuela, cronopia pero escuela, os propongo un trabajo de campo:

Mirad a vuestro alrededor y buscad rostros.

O recordad cuándo fue la última vez que le pusisteis cara a algo.

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Mensaje de presentación y bienvenida

Mayo 13, 2008 at 22:31 (Dirección) ()

 

En el día de hoy, MARTES 13 de mayo de 2008, nacemos con el claro objetivo de servir como útil instrumento de guía y apoyo a todos aquellos cortazianos que, inspirados en la figura del Gran Cronopio, aspiran a alcanzar la perfecta armonía de fantasía real o realidad fantástica que les permita hacer frente a la verdadera plaga de este nuestro tiempo: la monotonía. Ajenos a cualquier pretensión filosófica que pretenda explicar nada, partimos de la base de que bastan un par de lentes para cambiar el mundo.

 

A todos aquellos dispuestos a buscar un sentido a su vida, o simplemente descubrir quién se aburre tras este blog, les aconsejamos de antemano que desistan, que se olviden, que dediquen su precioso tiempo a cosas más útiles y humanas: siempre hay calcetines que emparejar o palomas en los parques a quienes invitar a pan. Mejor dedíquense a eso pues aquí no hay respuestas sino experiencias, y para más datos: todas absurdas.

 

Si algo nos enseñó el Gran Cronopio barbudo es a rasgar el raído telón que nos rodea y sobre el que se dibuja, ya descolorido por el tiempo, todo ese mundo en el que a veces nos secamos poquito a poco. Seguiremos aquí los pasos y obra del Gran Cronopio, y podremos comprobar paso a paso cómo todo depende del cómo se mire.

 

Damas y caballeros, basta solo un poco de imaginación para darse cuenta de que tras el viejo telón parcheado hay mil mundos tan cercanos a nosotros como las paredes de nuestro dormitorio o nuestro viejo paraguas. Quien no tenga clara está lección… que pase, que entre a formar parte de nosotros, que se convierta en cronopio y aprenda a saborear no la vida:  LAS VIDAS.

 

Sean todos bienvenidos a esta EXPERIENCIA CRONOPIA.

 

 

Atentamente:

 

 

E. Infante Rojo

Dir. de la Escuela Cronopia

 

 

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